Mortalidad Materna

Guatemala se encuentra entre los 11 países con los más altos índices de mortalidad materna de Latinoamérica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) una mujer embarazada en un país en vías de desarrollo tiene 100 a 200 veces más riesgo de morir que una mujer en un país desarrollado.

Estas niñas y adolescentes mujeres mueren, por lo general, en sus casas, y tienen poco acceso a una atención de salud debidamente capacitada, siendo esto una grave falta a los derechos humanos.  La mortalidad materna afecta a las mujeres de todos los estratos sociales y económicos, pero un número desproporcionadamente alto de las mujeres afectadas por esta cuestión viven en la pobreza, tienen poca educación y habitan en regiones rurales. En Guatemala, la mayor parte de las muertes maternas ocurren entre mujeres indígenas que tienen poca educación, mujeres que trabajan en sus casas, y mujeres que tienen dos o más hijos.

Las mujeres indígenas son las que habitan en las condiciones de vida más precarias, las que tienen las tasas de fecundidad más altas, y el menor porcentaje de nacimientos asistidos por médicos o enfermeras.  A nivel nacional, los departamentos en los que la mortalidad materna está por encima del promedio nacional son: Alta Verapaz y Petén, Sololá y Totonicapán, Huehuetenango, El Quiché e Izabal.

En tiempo del confinamiento el número de niñas en situación de riesgo se vio en incremento por los altos índices de violencia sexual, por lo que se considera que exista casos en el que se eleve la situación de mortalidad materna.

Actualmente se reportan tasas elevadas de mortalidad, dando la pauta de que existe una clara disminución de acceso a la educación integral en sexualidad, lo cual daña la vida de los y las adolescentes y violenta sus derechos a recibir información laica y libre de estigmas y discriminación.

Los indicadores que hacen que las niñas y adolescentes mujeres sufran de esta forma, se encuentran presenten en los patrones culturales que impiden el empoderamiento de las mismas. Cabe mencionar que el acceder a educación integral en sexualidad, previene los altos índices mortalidad materna, ya que brinda las herramientas para detectar algún tipo de violencia o amenaza. Hablar de salud sexual y reproductiva debe ser algo normal, y no estigmatizado.

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